el amor a distancia

 

Amor a distancia. Hoy desperté decidida a escribir, siento que ya estoy preparada para hablar sobre este asunto que hace acongojar mi corazón: LA DISTANCIA Y EL AMOR.
 
Mi historia de amor comenzó un día como hoy hace 4 años y 2 meses, cuando por cosas del destino (yo digo gracias a Dios) después de hablar con una persona que conocí en un chat, decidimos hacernos novios a pesar de la distancia (Venezuela/Argentina), al principio parecía imposible pero construimos fuertes bases de comunicación y confianza que aún perduran y no han sido quebrantadas. 
 
Pasó un año para que tuviéramos nuestro primer encuentro físico, fue maravilloso todo, descubrimos que no hubo mentiras ni información oculta de cómo eramos, quiénes eramos y nuestro estilo de vida. Así hemos estado estos años, viajando por año para encontrarnos y poder degustar ese pedacito de cielo llamado “Estar Juntos”. Otro punto a favor en nuestra difícil relación es nuestra familia, quienes han aceptado esta extraña situación y quienes no se han opuesto a nuestras decisiones.
 
Este año me tocó viajar a mi, pasé 48 maravillosos días en Argentina, mi corazón rebozaba de alegría al poder abrazarlo y besarlo cuando me provocara, al girar mi cabeza, ver que él me observaba, me decía un “Te amo” y me robaba un beso, al sentir sus brazos apretándome fuerte y al oler su mejilla (que loco ¿no?, me encanta oler su mejilla); cada vez que salimos tomaba mi mano con la suya y entrecruzaba sus dedos con los míos, me abría las puertas para que yo pase, me llevaba las bolsas de lo que compraba y se preocupaba de que no tuviera frío; en la noche, pendiente de que yo estuviera bien arropada y que el calefactor estuviera encendido; casi siempre me preparaba el desayuno y la merienda… me sentía la mujer más afortunada del mundo y protegida por él. Lo que parecía imposible sucedió, me enamoré más.
 
Lloré unos días antes de regresar, el me abrazaba fuerte y me dijo que llovían, lo miré y vi como gotitas saliendo de sus ojos; de una forma casi sádica me gustó ver esas gotitas, me hizo sentir aún más que mi intensa forma de amar era correspondida… no fue el único día que llovió.
 
Seguimos disfrutando los últimos días juntos y en ocasiones llovía pero hicimos una promesa, despedirnos en el aeropuerto con una sonrisa (la vez pasada yo armé un drama de Padre Señor Nuestro), y así lo hicimos, estuvimos bromeando mientras hacía el checking y me despedí con un abrazo, un beso y una sonrisa cuando abordé; me dí la vuelta, seguí caminando y cuando por fin entraba, giré para sonreírle y entré.
 
Cuando supe que ya no me veía, se me hizo un terrible nudo en la garganta que aún llevo conmigo y me aguaron los ojos, pero no lloré; no lloré hasta que llegó la noche en Venezuela y me encontraba sola en mi cama, lloré mucho, un llanto silenciado para que mi mamá no supiera que sufro, no quiero que lo sepa.
 
Quien me conoce me pregunta ¿cómo estás? ¿cómo te fue?, “bien gracias a Dios” es mi respuesta, acompañada con una sonrisa fingida, aunque no hay mentira en mi respuesta; estoy bien pero podría estar mejor, me fue bien, pero no sólo bien, sino de maravillas… pero no tengo ganas de recordar, de hablar, de contar, quiero que mis recuerdos sean míos y de él, no quiero compartirlos aún, ni siquiera las fotos  quiero enseñarlas, quiero atesorarlas, quiero ser egoísta con eso.
 
La noche siguiente volví a llorar amargamente, él me reconforta con sus palabras y me pide que vea el futuro juntos… ahora estoy mejor, siento nostalgia y el nudo en mi garganta no se ha ido del todo, pero estoy bien, recuerdo por qué decidí tener esta relación, recuerdo que la distancia es lo único malo que ha pasado entre él y yo, recuerdo nuestras promesas cumplidas y por cumplir, recuerdo que lo amo y que siento él me ama, recuerdo todas las veces que le pedí señales a Dios para continuar esta relación y Dios me respondió, recuerdo que soy mujer y por eso soy fuerte.

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