2015 ha sido un año full de emociones que me han hecho aprender lecciones invaluables y me han permitido crecer como persona. Tanto así que hace un mes publiqué un vídeo dando las gracias por tanto y reconociendo que soy una persona extremadamente afortunada. Sin embargo, hace poco, eso cambió.

Quién me conoce saben que disfruto vivir en mi burbuja de que el amor, la educación y el trabajo arduo sumados son la felicidad absoluta; me rodeo de gente que aporta, que tiene la misma ética de trabajo y valores de amor y amistad como el mío. 
Pero mi mundo utópico se vio trastocado por la realidad, por dos hechos que en un mismo mes me sucedieron; pero antes de contarte quiero hablarte de alguien importante… Venezuela.
Venezuela es mi país, mi tierra amada, la mujer que amo que desde sus raíces hasta su cielo; mi Venezuela está llena de gente jocosa, de un sazón incomparable y de un pueblo perseverante que no se cansa de innovar, intentar y crear todos los días. Esa es mi Venezuela.
Pero, que horroroso es un pero cuando se dicen halagos, me tocó otra realidad, la realidad de una Venezuela quebrantada.
No quiero dar detalles específicos, me da miedo en realidad, pero les cuento de manera somera.
Violencia. En lugar de Maracay de cuyo nombre no quiero acordarme, alrededor de las 9:00am, mientras iba en un carro particular, de manera accidental impactamos con un motorizado, de manera casi imperceptible en realidad; al detenernos para ver si el sujeto se encontraba bien, el mismo arremetió violentamente, pateando el carro en un ataque de furia; decidimos huir de su ataque violento pero nos persiguió hasta alcanzarnos y trancar el paso, continuando con su violencia.
Delincuencia. Saliendo de una fiesta nocturna, en un lugar turístico de mi país, me abordaron 4 adolescentes y me quitaron mis pertenencias mientras me amenazaban con una navaja, luego intentaron alejarme del lugar para una parte oscura. Terror.
El corazón me tiembla al recordar, un cosquilleo recorre las venas de mis manos, no es una sensación agradable. Es un sabor a decepción, a miedo y a fastidio el que siento. Como mezclar ron con ginebra. Mala combinación.
Me confiné a mi casa, “no quiero salir sola” me dije, no lloré, no sentí rabia y eso me sorprendió. me asustó mucho más.
Pero ¿Qué pasa? ¿Acaso se perdió todo en la sociedad venezolana?, pues no, porque te voy a contar las otras partes de la historia…
  
Violencia. Cuando el susodicho motorizado nos trancó el paso y continúo con el ataque, otro conductor se paró detrás del auto en el que estábamos y se bajó de su auto a defendernos, a enfrentarse con el violento, con esos cojones que tiene el verdadero hombre valiente y honesto… un héroe moderno. Además llegó la policía quien actúo como hombre de ley, cumplió su trabajo y nos dejó ir, llevándose al motorizado preso.
Delincuencia. No hubo un héroe en este caso pero si amistades invaluables que me han apoyado con palabras y hechos de manera incansable, aconsejándome, aguantándome, llevándome de arriba para abajo porque no quiero estar sola. Amigas anheladas que Dios me las bendiga.
En este punto me pongo a sacar la cuenta ¿Somos más los buenos que los malos? ¿Somos más la gente trabajadora y emprendedora? ¿Somos más la gente decente? A mí me da saldo positivo en cultura y honradez la gente que conozco.

En Venezuela hay corrupción social, económica, moral y política pero también hay un alto nivel de responsabilidad, perseverancia, ingenio, moral y perspicacia para convertir a Venezuela en una tierra santa, en una Venezuela de esperanza.

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