La motivación para la salud no es algo que llegue de un día para otro y te lo digo yo, que para mí, ha sido un viaje lleno de altibajos, aprendizajes y un profundo cambio de mentalidad. Antes de que continúes leyendo, quiero aclararte que este artículo no es una guía rígida ni una fórmula mágica, sino mi historia, la de una mujer que ha pasado gran parte de su vida luchando contra etiquetas impuestas, y con la necedad suficiente para tratar de no encajar en estándares ajenos pero igual lidiando con los efectos físicos y emocionales de esas luchas. Espero que encuentres inspiración en estas palabras para buscar tu propio camino hacia el bienestar.
Mi relación con la salud
Desde que tengo memoria, mi familia me llamaba “la gordita”, en las reuniones familiares siempre se hacía algún comentario sobre mi peso, ya fuera con una sonrisa o disfrazado de consejo.
Lo curioso es que, al revisar fotos de mi infancia, me di cuenta de que mi peso estaba completamente dentro de un rango saludable.
Sin embargo, crecí con la percepción de que era gorda, al punto que incluso una amiga del trabajo, mientras estábamos en un centro comercial comprando ropa, me dijo que le parecía que yo tenía dismorfia corporal porque no me atrevía a probarme ciertas piezas porque sentía que no me iban a quedar bien por mi peso pero cuando me animaba ¡Oh, sorpresa! Nada que ver, me quedaban bien.
Llegando a mis 30, simplemente dejé de pensar en cuidar mi salud y entre el estrés laboral, problemas hormonales y mi desmotivación, subí mucho de peso.
Ya no era solo una cuestión de estética: no me sentía bien conmigo misma. Sentía que algo debía cambiar, pero no sabía por dónde empezar.
Fue entonces, a mis 37 años, cuando tomé una decisión radical: Ya no podía seguir viviendo en un estado de malestar constante.
Por lo que, junto a mi esposo, creamos un plan personalizado que se adaptara a nuestras vidas, pero sobre todo que priorizara nuestro bienestar por encima de la apariencia.
1. Dejar atrás la obsesión con la balanza
Uno de los cambios más importantes que hice fue dejar de medir mi éxito por los números en la báscula.
Pasé años con un número de peso “ideal” que nunca lograba alcanzar, y ese enfoque solo me llenaba de frustración.
En lugar de eso, comencé a centrarme en cómo me sentía: ¿Dormía mejor? ¿Tenía más energía? ¿Mis emociones estaban más equilibradas? Cuando cambié mi perspectiva, noté mejoras en mi vida que iban mucho más allá de un número.
Acompañados de profesionales con nuestra misma visión y que nos ayudaran a adquirir disciplina al mismo tiempo.
Si alguna vez has sentido que la balanza te controla, te invito a liberarte de esa presión. Tu salud no se mide solo en kilos; se refleja en tu bienestar general.
2. Entender que la motivación para la salud no es lineal
Hay días en los que todo fluye: te alimentas bien, haces ejercicio y sientes que estás en el camino correcto.
Pero también hay días en los que simplemente no tienes energía, te dejas llevar por los antojos o prefieres quedarte en el sofá.
Algo que aprendí en este proceso es que no pasa nada si un día no es perfecto.
La clave está en no abandonar el camino solo porque un día, o incluso una semana, no salió como planeabas. La motivación para la salud no es una línea recta, es un proceso continuo lleno de aprendizajes y reajustes.
3. Crear un plan que realmente funcione para ti
Cuando mi esposo y yo decidimos comprometernos con nuestra salud, sabíamos que no podíamos seguir dietas estrictas o rutinas imposibles de mantener. Así que construimos algo que se adaptara a nuestras vidas.
Esto implicó:
- Hacer pequeños cambios en nuestra alimentación: Incorporar más vegetales, reducir alimentos ultraprocesados y mantener un equilibrio sin eliminar alimentos que disfrutamos y aprovechamos la oportunidad que tenemos de comprar viandas congeladas para tenerlas listas y no usar como excusa la falta de tiempo.
- Encontrar un ejercicio que disfrutáramos juntos: Optamos por un gimnasio cerca de casa que nos ofrece entrenamiento funcional personalizado.
- Establecer metas realistas: En lugar de enfocarnos en un peso específico, nos propusimos objetivos como dejar de sentir el dolor en una rodilla y reducir la sensación de fatiga al caminar.
El secreto está en crear un plan que no se sienta como una obligación, sino como algo que integre tus necesidades y gustos.

4. La importancia de cuidar la salud mental
Durante mucho tiempo, subestimé cuánto influía mi estado emocional en mi salud física. El estrés, la ansiedad y las creencias negativas sobre mí misma alimentaban mis malos hábitos.
Ahora, dedico tiempo a cuidar mi salud mental, lo que ha sido un factor clave para mantener la motivación para la salud. Algunas de las cosas que me han ayudado son:
- Terapia: Hablar con una profesional me ayudó a identificar patrones dañinos y a construir una relación más amable conmigo misma.
- Mindfulness: Incorporar prácticas como la meditación y la respiración consciente me ha ayudado a manejar el estrés y a estar más presente en mi día a día.
- Escritura: Mantener un diario me permite reflexionar sobre mis avances y retos, lo que me ayuda a mantener el enfoque.
- Mi mantra: En momentos de desánimo me he estado repitiendo esto "Cuando falte la motivación, tiene que haber disciplina".
5. Hacerlo en pareja: un apoyo invaluable
Un aspecto que marcó la diferencia en mi proceso fue compartirlo con mi esposo porque ambos estamos comprometidos a mejorar nuestra salud y nos apoyamos mutuamente en el camino.
Hacerlo en pareja no significa que ambos deban hacer exactamente lo mismo, pero contar con alguien que entienda tus metas y desafíos puede ser una gran motivación.
6. Celebrar cada pequeño logro
Al inicio, era fácil enfocarme solo en lo que no había logrado. Pero aprendí que celebrar los pequeños pasos es fundamental para mantener la motivación.
Ya sea completar una semana de caminatas diarias, preparar una comida saludable o simplemente sentirme con más energía, cada pequeño logro es un recordatorio de que estoy en el camino correcto.
Te invito a hacer lo mismo: encuentra motivos para celebrar tu progreso, por más pequeño que parezca. Estas victorias son las que te llevarán más lejos.
En fin, a mis casi 40 años, puedo decir que mi relación con la salud está cambiando y si estás pasando por un momento en el que sientes que la motivación para la salud no llega, no te rindas. Es un proceso que requiere paciencia, pero los resultados, tanto físicos como emocionales, valen completamente la pena.
¿Te has enfrentado a desafíos similares? Me encantaría conocer tu experiencia. Comparte tus comentarios abajo y juntas sigamos inspirándonos en este camino hacia el bienestar.


